viernes, 20 de abril de 2012

viernes, 13 de abril de 2012

EL ARTE DE LA GUERRA

Libro que data del siglo V a.C. en los que se detalla las estrategias a tomarse no solo en los temas militares, sino en los que interviene la práctica de la naturaleza humana. Es el mejor libro de estrategias de todos los tiempos, pues ha inspirado a grandes figuras como Napoleón, Maquiavelo, Mao Tse Tung, entre otros.

El supremo arte de la guerra es someter al enemigo sin luchar.

Hoy en día, la filosofía del arte de la guerra ha superado los asuntos militares, aplicándose a los negocios, los deportes, la diplomacia, e incluso, la superación personal. Y es que a pesar de los 25 siglos transcurridos desde que se escribió esta obra, las ideas siguen siendo completamente válidas.

CAPITULO VIII

SOBRE LOS NUEVE CAMBIOS

Es importante que el campamento no se ubique en terrenos difíciles, sean estos áridos, aislados, etc. Si se trata de un terreno cerrado, se planifica y si se está en un terreno bélico, se lucha.

El general que conoce las variables para aprovechar el terreno, sabe cómo manejar las fuerzas armadas.

Se analizan continuamente los beneficios y daños, lo que retiene a los adversarios del daño, por ello: cansar al enemigo manteniéndoles ocupados y no dejándoles respirar.

En tanto se pueda recordar el peligro estando a salvo, y del caos en tiempo del orden; se pueden evitarlos antes de que se presen ten.

Existen cinco rasgos que son peligrosos en los generales:

- Los arriesgados a morir, pueden perder la vida.

- Los que se aferran a vivir, pueden ser hechos prisioneros.

- Los que se apasionan irracionalmente, pueden ser ridiculizados.

- Los puritanos, pueden ser deshonrados.

- Los compasivos, pueden ser turbados.
Los buenos generales se comprometen hasta la muerte, pero no se aferran a la esperanza de sobrevivir, actúan según los acontecimientos siendo racionales y realistas, sin emocionarse, ni quedándose confundidos. Son como los tigres cuando ven una oportunidad, en caso contrario, cierran sus puertas. Sus acciones y no acciones son cuestiones de estrategia y no pueden ser complacidos y enfadados.


EL PRÍNCIPE – MAQUIAVELO



CAPITULO VIII


DE LOS QUE LLEGARON A PRÍNCIPES POR MEDIO DE MALDADES

Tratase de aquellos que se elevan al principado, por una vía malvada, en tanto otros lo hacen por el favor de sus conciudadanos.

En cuanto al primero, la historia cita dos ejemplos uno antiguo y otro moderno.

Como primer ejemplo, citamos al siciliano Agátocles, que de haber nacido en condiciones simples, llego a empuñar el cetro de Siracusa. Sus perversas acciones iban acompañados de vigor y fortaleza de ánimo lo que le permitió ingresar a las milicias; luego, resolvió volverse príncipe.

Ya estando en el poder, mando asesinar a todos los senadores y a los ciudadanos más ricos que allí se encontraban. Influenciado por su ambición, ocupo y conservo el senado de Siracusa sin haber ninguna guerra civil.

Se le debe a él la defensa de Siracusa ya que había contiendas con los cartaginenses, quienes abandonaron Sicilia. Gracias a las hazañas militares conseguidos a costa de muchas fatigas y riesgos, la soberanía. Pese a ello, su inhumanidad despiadada, tanto como su crueldad feroz, son maldades evidentes que no permiten alabarle. No puede atribuirse a su valor o a su fortuna lo que adquirió sin el uno y sin la otra.

Remitiéndonos al segundo ejemplo, trataremos de Oliverot de Fermo, que gracias a sus conciudadanos, llego a ser un hombre de ejércitos, hombre inteligente que buscó apoderarse de Fermo con ayuda de sus conciudadanos que amaban más la esclavitud que la libertad. Escribió a su tío Juan Fogliani que deseaba regresar a su patria, que tanto extrañaba. Así es que rogaba que los pobladores le acogiesen con distinción ya que vendría acompañado. Y esas como su tío prepara toda una bienvenida a su sobrino sin saber que detrás había un plan oscuro.

Una vez en el banquete que se había organizado, Oliverot hablaba de la grandeza de Alejandro VI y de su hijo, retirándose después a un cuarto particular a la que las demás personas le siguieron. Fue cuando de repente salieron varios soldados que degollaron a todos los presentes cuando Oliverot monto acabalo y salió a buscar al primer magistrado. Fue cuando el pueblo se vio obligado a obedecerle en tanto él fortificaba su autoridad.

Fue el mismo quien se dejó engañar por Cesar Borgia, le ahorcan en compañía de Viterolo.

Un príncipe debe, ante todas las cosas, conducirse con sus súbditos de modo que ninguna contingencia, buena o mala, le haga variar, dado que, si sobrevinieran tiempos difíciles y penosos, no le quedaría ya ocasión para remediar el mal, y el bien que hace entonces no se convierte en provecho suyo, pues lo miran como forzoso, y no sé lo agradecen.